Dos nuevos libros de Herta Müller en Siruela
Ya hemos hablado de ella en dos entradas anteriores.
Herta Müller, premio Nobel de Literatura, 2009
“La piel del zorro”
La piel del zorro nos ofrece un desgarrador fresco de una ciudad rumana durante las postrimerías de la era de Ceausescu. La trama sigue la línea discontinua a través de múltiples escenarios desnudos -apartamentos, fábricas, bares, hospitales, cuarteles– y personajes amenazados -una maestra, un soldado, la amante de un agente de la Securitate–, todos marcados por el fracaso y la sospecha. Pero el verdadero protagonista de La piel del zorro es el hipnótico lenguaje con el que se organizan las distintas escenas, un prodigioso miniaturismo verbal que disloca y subvierte una realidad sórdida, cruel, primaria, donde el círculo vicioso de la desesperanza se recrea en la obsesiva contemplación de lo ínfimo y lo abyecto.
“La bestia del corazón”
Un grupo de cuatro amigos que se resisten a ser anulados por el sistema, ven en el suicidio de Lola, una joven estudiante del sur de Rumanía que intenta escapar de la pobreza durante el régimen de Ceausescu, una razón para continuar resistiéndose. Porque La bestia del corazón nos habla de la resistencia que se ha de tener para que no destruyan nuestra individualidad. También de la corrupción y la asimilación social, de la violación de las normas, del hastío del mundo, de ser «un error para nosotros mismos». Herta Müller nos describe en esta sobrecogedora novela, llena de poesía, una sociedad que excava su propia tumba a través de la supresión y de las privaciones materiales: «Si nos mantenemos en silencio, nos odiamos a nosotros mismos. Si hablamos, nos volvemos ridículos»
Tags: ed. Siruela, Herta Müller, Nobel, premiosLa tinta electrónica, los e-books o e-readers
El papel electrónico está compuesto por tres capas de plástico finas y flexibles —de tres mm de espesor, lo que también permite que se fabriquen dispositivos que apenas superan los trescientos gramos de peso—, que se colocan una encima de otra, entre las que se incluye un circuito electrónico con millones de microcápsulas que contienen cápsulas blancas con carga positiva y cápsulas negras con carga negativa flotando en una especie de gel. Cada vez que son estimuladas por un campo eléctrico, cada cápsula muestra su cara blanca o negra y aparece un texto o dibujo en la pantalla del dispositivo. Evidentemente, este tipo de papel electrónico es en blanco y negro, el más común. Existen terminales con tinta electrónica en color, como es el caso del Fujitsu FLEPia o las nuevas pantallas desarrolladas por Samsung, aunque su precio, de momento, resulta estratoférico. Puedes consultar esta infografía con el proceso completo de cómo funciona la tecnología de tinta electrónica en un lector de ebooks.
Asimismo, las pantallas de tinta electrónica son más brillantes que las pantallas de LCD o TFT y no necesitan retroalimentación. Es posible leer lo que aparece en pantalla desde cualquier ángulo, hasta 180º de inclinación, e incluso si incide sobre ella la luz del sol, ya que está hecha de material reflector. La batería de un portátil apenas dura unas horas, en tanto que la batería de un e-reader puede durar semanas. Esto es debido a que solo consumen batería al pasar de página, al navegar entre sus contenidos o si lo usamos para reproducir archivos de audio en MP3, pero no mientras mantiene una imagen en pantalla.
Para aquellos a los que les gusta leer en la cama a oscuras, puede resultar un inconveniente la falta de iluminación interna, aunque bien es cierto que la vista se cansa bastante menos así. Otra pega es la falta de imágenes en movimiento, aunque seguro que, tal y como avanza la tecnología, no tardarán mucho en enmendarlo. Sin ir más lejos, ya existen pantallas de tinta electrónica táctiles y pantallas flexibles.
Tags: actualidad, e books44 escritores de la literatura universal

Los textos están acompañados por retratos del pintor Damián Flores
Dostoievski, que hizo llorar al zar; Nabokov y las mariposas; Kafka, el oficinista; Virginia Woolf, la bella nunca guapa, Stevenson el que contaba historias… Publicado por Siruela, 44, el nuevo libro de Jesús Marchamalo, propone un recorrido por la literatura universal contemporánea de la mano de alguno de sus nombres imprescindibles: Hemingway, Sartre, Camus, Proust, Byron, Duras, Chesterton, Colette… Hasta 44 biografías abordadas con humor, originalidad e ironía que permitirán descubrir aspectos inesperados de alguno de los autores más significativos de la reciente historia de la literatura.
Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) es periodista y ha obtenido los premios Ícaro, Montecarlo y Nacional de periodismo Miguel Delibes. Colabora en el suplemento literario de Abc, en Muy Interesante y el Instituto Cervantes. En Siruela ha publicado también La tienda de palabras (1999) y 39 escritores y medio (2006).
Damián Flores (Acehúche, Cáceres, 1963) es pintor y ha realizado numerosas exposiciones en España y en el extranjero. Su obra se encuentra repartida en diversas colecciones y museos.
Tags: biografía, ed. Siruela, no ficciónJekyll & Hyde
El mito del doble, símbolo de las contradicciones de la personalidad, ha fatigado nuestras pesadillas desde siempre. El temor ancestral a la propia sombra o la moderna definición de la esquizofrenia son dos de las muchas maneras de enfrentarse a un enigma representado innumerables veces en la ficción. Desde el Jano bifronte de la mitología latina, que contempla simultáneamente el amanecer y el ocaso, hasta el Doppelgänger (’doble que camina al lado’) de la literatura fantástica alemana, pasando por el hombre que se transforma en animal de la novela gótica o la máquina que, en la ciencia ficción, replica nuestro cuerpo y nuestra mente.
Siete autores de nuestros días se enfrentan al mito a partir de una de sus más brillantes realizaciones literarias y morales de todos los tiempos, la novela El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde, del escritor inglés Robert Louis Stevenson (1850-1894).
José Manuel Fajardo (Granada, 1957) y Ricard Ruiz Garzón (Barcelona, 1973) dan a Hyde vida más allá de la muerte. Cristina Cerrada (Madrid, 1970) se inventa para el monstruo un futuro tan verosímil como aterrador. Lourdes Ortiz (Madrid, 1943) se adentra con sutileza en la transformación moral de Jekyll, acaso más aterradora que la puramente física. Moral y filosófica es también la revisión que Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) hace del mito, mientras que Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) le da un giro insólito: ¿y si el bebedizo volviese al buen Jekyll todavía más bondadoso? Por su parte, Alfredo Conde (Allariz, Orense, 1945) traslada la dualidad del personaje al terreno primitivo y brutal del puro deseo erótico.
Tags: 451 editores, antología, mitos literariosSalinger, que estás en los cielos
La muerte de Salinger ha traído a la memoria, si es que en algún momento se nos había ido, la imagen del rebelde adolescente lleno de argumentos con los que despreciar el mundo. El protagonista de su “Guardian entre el centeno”, (mejor sería hablar de “cazador al acecho”, ya que centeno por estas latitudes hay muy poco y cuesta, a través de dicha palabra, entender el significado evocador del título) se fue convirtiendo poco a poco en un referente de vagos y maleantes en todos los Estados Unidos. ¡Qué se le va a hacer! Quizás Salinger sólo pretendió entrar en la compleja mentalidad de quien se abre a la vida y no acaba de encajar de forma adecuada las diferentes piezas del puzzle. Así viene la noticia en los diarios:
Tags: actualidad, descarga de libros, e books, imprescindibles, iniciática, literatura americana
Unas pocas palabras conmocionaron ayer el mundo literario: “El escritor J.D. Salinger murió en su casa de New Hampshire. Tenía 91 años”.
No se ofrecieron más detalles, con lo cual el notable autor, que durante toda su vida cuidó al máximo su privacidad, se transformó en leyenda.
Su nombre era Jerome David Salinger y pertenece ya a la distinguida y poco común estirpe de narradores a quienes les basta un solo libro para conmover, de manera inolvidable, a colegas y lectores.
Entre el manojo de relatos que escribió bastó El guardián entre el centeno (The catcher in the rye), para alcanzar una gloria que siempre despreció.
Salinger nació en 1919, en el Upper East Side, de Nueva York, hijo de un judío polaco que importaba carne y queso de Europa oriental. La relación con el padre, quien esperaba legarle el negocio e incluso lo obligó a realizar una gira formativa por los mataderos de Polonia (al regreso decidió hacerse vegetariano), fue muy mala; cuando murió el patriarca de la familia Salinger, el escritor no acudió al entierro.
Como estudiante fue pésimo, aunque se le consideraba mucho más brillante que los demás chicos. Como parte de su servicio militar participó en el desembarco en Normandía, donde vio morir a ocho de cada 10 integrantes de su compañía y, según su hija, fue uno de los primeros soldados estadunidenses en llegar a los campos de exterminio nazi, de lo cual nunca quiso hablar.
Rebeldía de un eremitaSalinger siempre anheló ser escritor. Le llevó diez años fraguar su obra cumbre, dibujar a cincel a su protagonista: Holden Caulfield, un muchacho en la frontera sutil entre la infancia y la adolescencia, en rebeldía contra unas convenciones sociales capaces de aplastar lo humano.
El guardián entre el centeno se publicó en 1951 y desde entonces sigue cimbrando el alma de cientos de personas que lo han leído en 40 idiomas. El autor prefirió firmar sus trabajos sólo con las iniciales J.D. y dejar que su apellido flotara, por si acaso alguien lo pudiera olvidar.
Siempre tuvo fama de ermitaño. A las puertas de su propiedad puso un letrero: “Prohibido el paso”, y si a alguien no le bastaba con eso, era capaz de echar mano de su vieja escopeta de caza y lanzar perdigones al viento. Así vieron algunos impertinentes salir al hombre armado de casi dos metros de alto y cabello totalmente blanco.
Vivía con su tercera mujer, Colleen, una enfermera 30 años más joven que él y aficionada a tejer tapices, en la misma finca rural de los bosques de New Hampshire donde reside Claire, su anterior esposa.
Escribió cuentos, reunidos en un solo volumen. A diferencia de los beatniks, afirmaba el escritor uruguayo Mario Benedetti, Salinger “no cierra los ojos, ni se droga ni se escapa. Es un atrincherado, pero no un evadido; en última instancia, es alguien que no renuncia a descubrir un sentido en la vida; alguien que, así sea pasivamente, aún resiste. Alguien que busca, con serenidad y denuedo, un punto de apoyo”.
La periodista Joyce Maynard, quien a los 18 años sostuvo una relación con el autor, escribió que Salinger le confesó: “Sólo puedo soportar la sociedad allá afuera mientras tenga puestos mis guantes de goma”.
En 1988 la mujer publicó, sin autorización de su ex amante, un libro sobre su convivencia mutua, incluidas cartas que intercambiaron.
No obstante haber dado a conocer unos pocos textos, todavía hace unos años algunos de sus allegados aseguraban que él seguía escribiendo febrilmente: “Amo escribir, pero lo hago para mí mismo y para mi placer”, dijo en 1974 en una de las raras declaraciones que hizo públicas.
Dicen que guardaba sus manuscritos bajo llave mientras trabajaba cada día enfundado en un overol de obrero. El año pasado, todavía tuvo fuerza para luchar por su obra, por conducto de sus abogados, nunca presentándose en público. Logró que una juez federal detuviera la publicación de un libro que Salinger afirmaba era una secuela falsa de su clásico El guardián entre el centeno.
El sueco Fredrik Colting, con el seudónimo de John David California, pretendía lanzar el título 60 Years Later: Coming Through the Rye. La juez Deborah Batts manifestó que el personaje central en la novela de Colting (Mr. C) constituía una “violación” del personaje central de Salinger, Holden Caulfield. Los otros acusados fueron la editorial sueca Nicotext y Windupbird Publishing.
Cuando Mark Chapman asesinó a John Lennon, en diciembre de 1980, llevaba bajo el brazo un ejemplar de El guardián entre el centeno, entonces la obra llegó a asociarse con el satanismo y fue prohibida en algunas escuelas de Estados Unidos, en el resto es lectura obligatoria. William Faulkner dijo que se trataba de “la obra maestra de su generación”.
El hermetismo del autor, en un mundo de marketing, resulta una paradoja, pues sus libros siempre son éxitos de venta.
Hasta donde se sabe, explican los diarios de su país, siguió persiguiendo jovencitas hasta que las fuerzas se lo permitieron, alimentándose de vegetales (excepto alguna pieza de cordero, cocida a 150 grados) y viendo la televisión (no se perdía la serie Dinastía).
Su hija Margaret es autora de una obra sobre él, Dreamcatcher, en la que enumera sus numerosas manías y asegura que hay varios libros terminados que se publicarán tras su muerte.
En 2001, el diario El País reportaba que Salinger gustaba de llamar por teléfono a las actrices o presentadoras de informativos de televisión que más le atraían, confiando en que fueran lectoras de su obra y la seducción resultase más fácil.
“Cree más o menos en el budismo, durante un tiempo perteneció a la Iglesia de la Cienciología, nunca ha utilizado un ordenador, ve una y otra vez la película 39 escalones, de Alfred Hitchcock, y exige que sus amigos le llamen Jerry. Sus fotos son rarísimas –suele tratarse de instantáneas tomadas a la puerta de un supermercado o en la calle, a distancia, porque el hombre es irascible– y hace más de 30 años que no concede entrevistas; la última fue realizada por dos estudiantes de secundaria y apareció en una revista de colegio”, agregaba la publicación.
Salinger mismo dejó claro el criterio para una gran novela cuando le hizo decir a su personaje Holden: “Lo que más valoro es cuando uno queda completamente agotado después de leer un libro y desea ser amigo del autor y poder llamarlo por teléfono en cualquier momento”.
Su agente literario, Phyllis Westber, declaró que el novelista se había roto la cadera el pasado mayo, de lo cual se recuperó bien. Pero su salud se deterioró a principios de año, poco después de celebrar su cumpleaños 91, el primero de enero; no obstante, al morir “no sufrió ningún dolor”.
La familia de Salinger subrayó el deseo del autor de “defender su privacidad a toda costa” y pidió a los medios y al público respeto en estos momentos.
Hazte con una copia de su “Guardian entre el centeno”.
El territorio de lo que somos, José María Merino
Con este texto José María Merino consiguió el premio de periodismo sobre lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
En las ediciones anteriores, obtuvieron el premio Juan José Millás (2000); Fernando Savater (2001); Alberto Manguel (2002); Gustavo Martín Garzo (2003), Álvaro Pombo (2004), Emili Teixidor (2005); Clara Sánchez (2006); José María Guelbenzu (2007) y Constantino Bértolo (2008).
José María Merino (La Coruña, 1941), escritor, ensayista y poeta español.
José María Merino nace en Galicia, pero su familia se traslada pronto a León, donde su padre abre un bufete de abogado y una gestoría, y en esta ciudad transcurren la infancia y adolescencia del futuro escritor. Estudia Derecho en Madrid. Al término de su carrera ingresa en el cuerpo de funcionarios del Ministerio de Educación. Colabora durante años con la Unesco en proyectos para Hispanoamérica, lo que determina su fascinación por el mundo americano que traslada a sus novelas. Entre 1987 y 1989 ocupa la dirección del centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura. Desde 1996 se dedica solamente a la literatura.
Su vocación literaria se inició en poesía, con la publicación de Sitio de Tarifa (1972). Sin embargo, terminó abandonando este género y optando definitivamente por la narrativa. Su primera novela, Novela de Andrés Choz, es de 1976. Su trayectoria como narrador se ha repartido por igual entre la novela y el cuento, género este último que ha contribuido a desarrollar más que notablemente en España durante las últimas décadas. Es autor también de narrativa infantil y juvenil y de un libro de viajes. Su actividad creadora se extiende a otras colindantes como la crítica literaria, la reflexión literaria como articulista y conferenciante, o su labor como prologuista de diversos libros y antólogo de cuentos literarios y leyendas.
Entre otros premios, ha recibido el de la Crítica Narrativa Castellana en 1985 y el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1993.
Es patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española y presidente honorífico de La Fundación del Libro Infantil y Juvenil Leer León. Fue elegido académico de la Real Academia Española en marzo de 2008, en sustitución de Claudio Guillén, donde ocupa el sillón m.
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