La mejor novela de 2008
Según la fundación Lara puede ser una de estas:
La familia de mi padre, de Lolita Bosch (Mondadori)
La familia de mi padre es un recorrido por la geografía sentimental de Barcelona, una ciudad en la que se tejen los secretos de una familia infl uyente. Y, por encima de todo, es la reconstrucción de los orígenes de su autora y un homenaje a su padre que empieza con el recuerdo de su muerte. A partir de aquí, Lolita Bosch reconstruye el árbol genealógico de la familia de su padre con documentos, testimonios y fi cciones. Hasta llegar al momento exacto en el que el último Rómulo de una saga de cinco aprende a decir la palabra «papá».
Pero este libro empieza antes: con el primer Rómulo, el tatarabuelo de la autora, que fue soldado voluntario en Cuba y alcalde de Barcelona. Y se detiene en su bisabuelo, dueño deuna colección de arte memorable y amante pasionado; y también en su abuelo: un hombrecon un ojo de cada color que en ocasiones olvidaba el nombre de sus nietas. Todo para llegar a su padre y a su hermano: los últimos Rómulo de una familia narrada. Y para, finalmente, acompañarlo de la mano hasta la muerte y despedirse de él.
Sal, de Manuel García Rubio (Lengua de Trapo)
Urbano Expósito, guionista inédito, quisiera estar seguro de querer lo que quiere. Tino, en cambio, tiene claro que quiere lo que quiere. Selmo, en fin, quiere que lo quieran. Vidas diferentes, cada una apunta un recorrido propio, que Urbano, ahora aprendiz de novelista, pretende contar, aunque con un estilo ingenuo y torpe, plagado de recursos cinéfilos. Para entonces, sin embargo, habrá irrumpido en la historia la señora Gladstone, y la narración se encauza, se transforma, se convierte en algo nuevo, inesperado y, a la postre, misterioso; pero también terrible. Sal no deja de sorprender desde la primera línea y hasta el final, donde se encuentra la luz que lo ilumina todo. Bastará leer un par de páginas al azar para advertir una prosa rica y distinta, pero en esta novela hay muchas cosas más: personajes de carne y hueso, historias formidables, reflexión y metaliteratura, y, sobre todo, una mirada tierna y desconsolada sobre el ser humano en estos tiempos que algún filósofo calificó de líquidos
Paraíso inhabitado, de Ana María Matute (Destino)
«Nací cuando mis padres ya no se querían», recuerda Adriana, mucho después de que todo haya sucedido. Por ello, la niña se crea un paraíso propio, poblado por amigos imaginarios y una familia de su elección.
Esta felicidad a medida se ve perturbada cuando Adriana debe iniciar el periplo escolar y entrar definitivamente en el mundo de los adultos, un entorno que le resulta ajeno cuando no hostil. Sin embargo, siempre queda un refugio bajo las relucientes estrellas escondidas en los cristales de la lámpara del salón.
Auténtica obra maestra en la aplaudida trayectoria de Ana María Matute, Paraíso inhabitado recrea un universo infantil delicado y maravilloso, que hipnotiza al lector desde la primera página.
El comienzo de la primavera, de Patricio Pron (Mondadori)
El comienzo de la primavera es un ejemplo notable de novela de intriga ambientada en una universidad alemana (en este caso Heildelberg) y con el pasado nazi como trágico telón de fondo que sirve para calibrar la talla moral de los personajes hoy y en el pasado. De paso es un excelente ejemplo de cómo, si alguien tiene una buena historia que contar y conoce a fondo aquello de lo que se dispone a hablar, tan sólo necesita una anécdota mínima para poner en marcha una intriga que va a tener ocupado al lector hasta el final. Y lo intrigante, aquí, no es que un prestigioso profesor de filosofía de la Universidad de Heildelberg se muestre reticente a avalar la traducción que un estudiante pretende hacer de uno de sus primeros libros. Al fin y al cabo se trata de un alumno desconocido, un tal Martínez, encima argentino, y él, el profesor, no tiene tiempo ni ganas de invertir energías en un proyecto que carece de interés para él. Lo que de verdad intriga a Martínez son los términos en que el profesor Hollenbach trata de disuadirle de su proyecto: “He escrito libros tratando de entender la Historia alemana y siento que no he obtenido ninguna respuesta a mis preguntas. A cambio, me he visto involucrado en asuntos penosos que sólo me han traído trastornos y me han acarreado incontables enemigos dispuestos a calumniarme. Créame, en Alemania sólo campea la muerte”.
El país del miedo, de de Isaac Rosa (Seix Barral)
El país del miedo es un lugar imaginario donde se haría realidad todo lo que tememos. Carlos sabe bien cómo sería el suyo; vive asustado. Sus temores son muy comunes: recibir una paliza, ser asaltado, que entren en su casa mientras duerme, que rapten a su hijo; pero también teme la agresividad de sus vecinos, a los adolescentes violentos, a los pobres, a los extraños.
Sabe que son temores exagerados, incluso infundados. Y sin embargo, no puede evitarlos. Su miedo, hasta entonces secundario, ocupará un lugar central cuando se vea envuelto en una situación conflictiva: un pequeño incidente en el colegio de su hijo, que podría solucionarse de manera sencilla, se complica por su incapacidad para tomar decisiones. Carlos iniciará entonces una huida hacia delante donde cada mentira, cada paso en falso, le hará sentir cada vez más amenazado.
El país del miedo indaga en el origen de ese miedo ambiental. Esta novela inquietante e intensa descubre cómo se construyen y propagan los temores, y el peso que los relatos de ficción tienen en la extensión de un miedo que acaba siendo una forma de dominación, que nos lleva a aceptar formas abusivas de protección y a respuestas defensivas que nos hacen sentir más vulnerables.
¿Ya las conoces? Mañana te cuento cuál por fin, ha sido la escogida. En todo caso estas cosas sirven básicamente para hablar de libros, de todos los libros o por lo menos de todos estos libros que han quedado seleccionados.

Urbano Expósito, guionista inédito, quisiera estar seguro de querer lo que quiere. Tino, en cambio, tiene claro que quiere lo que quiere. Selmo, en fin, quiere que lo quieran. Vidas diferentes, cada una apunta un recorrido propio, que Urbano, ahora aprendiz de novelista, pretende contar, aunque con un estilo ingenuo y torpe, plagado de recursos cinéfilos. Para entonces, sin embargo, habrá irrumpido en la historia la señora Gladstone, y la narración se encauza, se transforma, se convierte en algo nuevo, inesperado y, a la postre, misterioso; pero también terrible. Sal no deja de sorprender desde la primera línea y hasta el final, donde se encuentra la luz que lo ilumina todo. Bastará leer un par de páginas al azar para advertir una prosa rica y distinta, pero en esta novela hay muchas cosas más: personajes de carne y hueso, historias formidables, reflexión y metaliteratura, y, sobre todo, una mirada tierna y desconsolada sobre el ser humano en estos tiempos que algún filósofo calificó de líquidos
«Nací cuando mis padres ya no se querían», recuerda Adriana, mucho después de que todo haya sucedido. Por ello, la niña se crea un paraíso propio, poblado por amigos imaginarios y una familia de su elección.
El comienzo de la primavera es un ejemplo notable de novela de intriga ambientada en una universidad alemana (en este caso Heildelberg) y con el pasado nazi como trágico telón de fondo que sirve para calibrar la talla moral de los personajes hoy y en el pasado. De paso es un excelente ejemplo de cómo, si alguien tiene una buena historia que contar y conoce a fondo aquello de lo que se dispone a hablar, tan sólo necesita una anécdota mínima para poner en marcha una intriga que va a tener ocupado al lector hasta el final. Y lo intrigante, aquí, no es que un prestigioso profesor de filosofía de la Universidad de Heildelberg se muestre reticente a avalar la traducción que un estudiante pretende hacer de uno de sus primeros libros. Al fin y al cabo se trata de un alumno desconocido, un tal Martínez, encima argentino, y él, el profesor, no tiene tiempo ni ganas de invertir energías en un proyecto que carece de interés para él. Lo que de verdad intriga a Martínez son los términos en que el profesor Hollenbach trata de disuadirle de su proyecto: “He escrito libros tratando de entender la Historia alemana y siento que no he obtenido ninguna respuesta a mis preguntas. A cambio, me he visto involucrado en asuntos penosos que sólo me han traído trastornos y me han acarreado incontables enemigos dispuestos a calumniarme. Créame, en Alemania sólo campea la muerte”.
El país del miedo es un lugar imaginario donde se haría realidad todo lo que tememos. Carlos sabe bien cómo sería el suyo; vive asustado. Sus temores son muy comunes: recibir una paliza, ser asaltado, que entren en su casa mientras duerme, que rapten a su hijo; pero también teme la agresividad de sus vecinos, a los adolescentes violentos, a los pobres, a los extraños.
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